Elecciones en Ecuador: la sombra de la duda

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La Presidencia se definirá en un balotaje

Autor: Mauricio Alarcón Salvador

Reporte exclusivo para la Red Liberal de América Latina (RELIAL)

Ni el oficialismo ni la oposición esperaban que la Presidencia se defina en una segunda vuelta. El pasado 19 de febrero, el oficialismo afirmaba reiteradamente que ganó la elección en una sola vuelta, e incluso armó un festejo popular por el “triunfo”. La oposición, pese a que las encuestas serias avizoraban el balotaje, temía que la autoridad electoral, controlada por el Ejecutivo, meta la mano en el proceso y cumpla la aspiración oficialista.

 

En mi artículo anterior les contaba que, tras la celebración de las elecciones, miles de ecuatorianos salieron a las calles a pedir que se respete la voluntad popular y a exigir a la autoridad electoral confirme la realización de una segunda vuelta. Recién la noche del 22 de febrero el Presidente del Consejo Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo, oficializó que el 2 de abril se celebraría el balotaje. El binomio oficialista de Lenín Moreno y Jorge Glas obtuvo el 39.3% y el binomio opositor de Guillermo Lasso y Andrés Páez, el 28.1%. Los datos coincidieron con los del exit poll de la encuestadora Cedatos – Gallup (39.4% a Moreno y 30.5% a Lasso) y del conteo rápido de la ONG Participación Ciudadana (Moreno 38.8% y Lasso, 28.2%).

 

Y se vino la segunda vuelta

 

La campaña debía arrancar el viernes 10 de marzo, según determinó la autoridad electoral con base en la normativa vigente, sin embargo, las actividades proselitistas (especialmente del oficialismo) arrancaron con anterioridad. En la primera vuelta ya se había advertido el abuso de los recursos del Estado y del gran aparato de comunicación (más de 40 medios controlados directamente y cerca de 300, indirectamente) por parte del gobierno a favor de Moreno. Para la segunda vuelta, las acciones abusivas se multiplicaron de manera impresionante. Es la campaña más sucia que se ha visto en el último período democrático del país.

 

Fundamedios, la principal organización de promoción y defensa de la libertad de expresión en Ecuador, que lidera además el Observatorio de Medios de Ecuador, presentó informes sobre las acciones de los medios gubernamentales durante la campaña.

 

En la primera semana, estos medios evidenciaron una fuerte campaña de desprestigio en contra del candidato opositor, Guillermo Lasso. Durante este período, se contabilizaron 71 espacios informativos en los que se desacreditaba a Lasso (un total de 5 horas y 13 minutos) frente a 70 espacios a favor de Moreno (por 2 horas y 45 minutos). En la segunda semana, el estudio confirmó que continuaba, con mayor fuerza, la campaña de desprestigio en contra de Lasso. Se contabilizaron 126 espacios informativos en los que se hablaba negativamente del candidato de oposición (más de 5 horas de tiempo aire) frente a 105 espacios positivos (1 hora y 57 minutos de proselitismo), correspondientes al candidato oficialista. Los espacios, cuya información claramente estaba coordinada y articulada, buscaban establecer un discurso dirigido en contra del candidato opositor, quien públicamente afirmó ser víctima de un “linchamiento mediático”.

 

En la última semana, se produjo un aumento significativo en la campaña de proselitismo a favor del candidato oficialista. En este período se contabilizaron en radio y televisión, 4 horas y 8 minutos de proselitismo a favor del candidato oficialista, frente a 2 horas y 23 minutos de descrédito contra el candidato opositor, en un total de 262 espacios informativos. Los medios de comunicación en manos del gobierno resaltaban las obras de la última década y promovían el plan de gobierno de Moreno, así como el apoyo logrado en distintos sectores sociales.

 

Estas acciones se dieron a vista y paciencia de la autoridad electoral, a pesar de la evidente violación al Código de la Democracia que en su artículo 203 señala: “Los medios de comunicación social se abstendrán de hacer promoción directa o indirecta, ya sea a través de reportajes, especiales o cualquier otra forma de mensaje, que tienda a incidir a favor o en contra de determinado candidato, postulado, opciones, preferencias electorales o tesis política.”

 

Pero la campaña sucia no solo vino del manejo abusivo de los medios de comunicación gubernamentales a favor del candidato oficialista.

 

El Presidente de la República, Rafael Correa, aprovechó cada programa de televisión de los sábados para alabar a su “delfín” y atacar al candidato opositor, acusándolo de ser uno de los principales responsables de la crisis financiera de finales de los 90. El principal diario gubernamental, El Telégrafo, regaló a la ciudadanía DVD con un “documental” sobre el feriado bancario bajo el título “El atraco más grande de la historia ecuatoriana” junto a una fotografía del candidato opositor. Se le prohibió el ingreso al país a Lilian Tintori, esposa del preso político venezolano Leopoldo López, aludiendo que una extranjera no podía venir a hacer política, mientras se invitó de manera oficial, por ejemplo, al chileno Franco Parisi para hablar mal de Lasso en los medios gubernamentales. Se organizó a turbas de simpatizantes del oficialismo para impedir que el candidato opositor cumpla su agenda de medios en Manabí, e incluso para agredirlo en el estadio durante el partido de clasificación entre Ecuador y Colombia. Se imprimieron miles de hojas volantes, se creó una página web y se publicitó gigantografías en el transporte público con noticias falsas. Se censuró y agredió a humoristas, se ordenó cadenas nacionales.

 

Con todos estos hechos quedó en evidencia que el país no vivía un proceso electoral libre y transparente. Se incumplió con los instrumentos internacionales, la Constitución y la Ley electoral durante toda la campaña. Y así llegó el día de las elecciones.

 

El proceso electoral

 

La jornada de votación del 2 de abril se vivió con relativa calma, salvo un incidente en el recinto electoral de Florida, Estados Unidos. Los problemas empezaron una vez que se cerraron los recintos electorales.

 

A las 17h00, los medios de comunicación anunciaron los resultados de los exit poll que habían realizado. Los medios independientes, Ecuavisa y Telemazonas, presentaron las cifras de Cedatos (la encuestadora que acertó en la primera vuelta), otorgando el triunfo a Guillermo Lasso con un 53% sobre un 47% de Lenín Moreno. Los medios gubernamentales, afirmaron que la Presidencia la había ganado el oficialismo con un 52% sobre el 48% del opositor. Lasso festejó, y se proclamó ganador del proceso electoral. Moreno festejó, pero dijo que esperaría los resultados oficiales. El Consejo Nacional Electoral llamó a la calma y ratificó que emitiría un primer boletín oficial a partir de las 20h00.

 

El sistema informático del CNE empezó a recibir datos, ante el reclamo de la ciudadanía por cuanto éste no mostraba totalización de los mismos a nivel nacional. Pocos minutos después se cayó el sistema y se produjo un black out de la página web del CNE, así como de las organizaciones y medios que informaron del incidente (Fundamedios, Mil Hojas y 4 Pelagatos). Casi dos horas después el sistema volvió a estar disponible, con datos consolidados y con la novedad de que Lenín Moreno ganaba la Presidencia con el 51% de los votos.

 

Lasso, junto al director nacional del movimiento CREO, César Monge, denunciaron que se había cometido un fraude basado en manipulación, tanto de actas como del sistema informático. Acusaron a la autoridad electoral de pretender burlar la voluntad ciudadana manifestada en las urnas, y convocaron a sus simpatizantes a las calles a reclamar y resistir de forma pacífica. Nuevamente miles de ciudadanos cercaron las inmediaciones del Consejo Nacional Electoral y se declararon en vigilia permanente por la democracia.

 

El oficialismo volvió a festejar su triunfo, esta vez con los datos oficiales.

 

Y ahora, ¿qué?

 

Han transcurrido dos semanas desde las elecciones. Lo que ha ocurrido en este tiempo ha traído más preocupación que calma en la ciudadanía.

 

Rafael Correa denunció un complot en contra del oficialismo, una asociación ilícita para “robarles” el triunfo electoral. Acusó de ello a los medios Ecuavisa, Teleamazonas y Canal UNO, a la encuestadora Cedatos y a la organización Participación Ciudadana. Acto seguido, como ocurre en cualquier régimen totalitario, se activó el aparato estatal. Varias cadenas nacionales invadieron las estaciones de radio y televisión para presentar “la verdad” y ratificar las denuncias de Correa. Una legisladora del oficialismo denunció en la Fiscalía a la encuestadora, cuyas oficinas fueron allanadas el 7 de abril para “incautar evidencias” e información contenida en los equipos informáticos, servidores y archivos físicos de la empresa que demostrarían el cometimiento de un delito. La legisladora acusó a Cedatos de atentar contra la fe pública por la manipulación de datos de para beneficiar a Lasso e involucró en el presunto cometimiento del delito a la empresa encargada de la publicidad del candidato opositor. Posteriormente se allanó también las oficinas de la agencia publicitaria Livercostas.

 

El periodista Rafael Cuesta de Canal UNO presentó su renuncia tras una campaña de estigmatización promovida por el gobierno. Correa celebró su salida e invitó a los periodistas de Ecuavisa y Teleamazonas a hacer lo mismo, para “inaugurar la ética”.

 

Activistas que durante la campaña electoral promovieron el voto a favor de Lasso han sido hostigados, espiados y amenazados. Actores y músicos que hicieron lo mismo, han sido censurados y despedidos de los medios de comunicación en manos del gobierno.

 

Las protestas continúan en las calles, a día seguido, y creciendo, a pesar de que los ciudadanos fueron incluso víctimas de un desalojo violento en manos de la Policía Nacional.

 

¿Y los candidatos?

 

Guillermo Lasso continúa denunciando un fraude en su contra. Afirmó poseer pruebas de inconsistencias numéricas en más de 4.000 actas (de un total de más de 40.000) y ha impugnado el resultado de las elecciones. Solicitó un reconteo de todos los votos. La autoridad electoral lo negó y procederá únicamente a recontar manualmente los votos correspondientes a las actas impugnadas. Este acto será público, en un coliseo de Quito.

 

Lenin Moreno ha tenido actividades como “Presidente electo”. Se reunió con representantes del movimiento oficialista, con organizaciones sociales afines, con empresarios que apoyaron su campaña y con el cuerpo diplomático acreditado en el país. En su primera rueda de prensa censuró a un periodista y se negó a responderle, porque no lo llamó “Presidente Moreno”. Su equipo cercano, en varias entrevistas, se han referido a sus demagógicas propuestas de campaña afirmando que estas han sido malinterpretadas, en un baño de realismo ante la imposibilidad de cumplirlas. El aumento del denominado Bono de Desarrollo Humano a USD 150, no será para todos, y el Plan Casa para Todos, será ejecutado por el sector privado, no por su gobierno. Han empezado a circular nombres que conformarían su gabinete ministerial, todos ellos reciclados y de la línea más dura de la Revolución Ciudadana, lo que deja entrever que cambiará el Presidente, pero el modelo permanecerá intacto.

 

Por lo pronto, solo queda esperar. En los próximos días se proclamarán los resultados finales, las protestas continuarán en las calles, y el nuevo Presidente asumirá el poder el 24 de mayo para gobernar una sociedad profundamente dividida.